Un reto personal «a la altura» del Tour de Francia

Repasamos con Carlos Rueda (Peña Ciclista Alcalaína) su 6ª participación en la Quebrantahuesos, la marcha cicloturista por excelencia a nivel nacional.

Somport, Marie Blanque, Portalet y Hoz de Jaca. Cuatro míticos puertos de montaña del Pirineo aragonés y francés a los que los participantes de Quebrantahuesos se enfrentan cada año con el reto de completar la marcha cicloturista más reconocida a nivel nacional. Un exigente recorrido de 200 kilómetros al que acudieron el pasado sábado más de 9.000 ciclistas de 47 nacionalidades en su XXIX edición, entre ellos Carlos Rueda, que lo finalizaba por sexta ocasión.

Una leyenda como Miguel Induráin dice que la Quebrantahuesos le recuerda a las etapas del Tour de Francia. Algo especial debe tener por tanto. Bromea Rueda con que evidentemente él no sabe lo que se siente al cruzar la meta de una etapa de la prueba ciclista más importante del mundo, pero destaca lo especial que es ser finisher de esta marcha: “Pasa por tu mente todo el esfuerzo, todo el tiempo que has dedicado y la satisfacción de ver que todo ha ido como lo esperabas. Seguramente será una emoción parecida o incluso superior: el 99,8 % de los participantes de la QH participamos por afición, por hobby y no nos dedicamos profesionalmente a ello. Por tanto, cruzar la meta es ir un paso más allá en la satisfacción personal de cada uno”.

La Quebrantahuesos es para este miembro de la Peña Ciclista Alcalaína “un reto personal e interno a superar cada año, sin ánimo de compararme ni medirme con nadie más que conmigo mismo”. Por eso la clasificación y el crono son lo de menos. Lo importante es superar la línea de meta. Y él lo hizo por quinta vez consecutiva desde 2015. Con un tiempo de 7:36.25 y una media de 26,16 kilómetros por hora. Reto superado tras una entrenamiento aproximada específico de 6.000 kilómetros, teniendo en cuenta que también ha estado preparando algunas pruebas de BTT de larga distancia.

La marcha comenzó a las 7:15 horas. Por delante, una jornada en la que las condiciones climatológicas fueron muy favorables con un día completamente despejado y sin precipitaciones y con presencia de viento en los tramos de bajada. Tras la salida de Sabiñánigo, los participantes pusieron rumbo hacia al primer puerto de montaña, el Somport, donde el pelotón ya se estaba fraccionando y se marcaba con un alto ritmo desde las primeras posiciones.

Ya en territorio francés, se superaba uno de los puertos más exigentes, el Marie Blanque, para dar paso después al más largo de todos y que terminaba con un descenso muy atractivo: el Portalet. “Para mí era el más temido antes de la prueba y fue, sin duda alguna, el más duro −confiesa Rueda−. Es un puerto sin extrema dureza, pero continuo en subida: 28 kilómetros. Prácticamente dos horas continuas de subida en las que te pasan muchas cosas por la cabeza, tanto pensamientos positivos y negativos. Una subida eterna que parece no tener fin”.

De vuelta a España los ciclistas afrontaban un último repecho en Hoz de Jaca, donde como cada año, los vecinos de la zona reciben a los participantes siempre a golpe de música y mucho ambiente.

Es difícil describir lo que debe vivir un participante de la Quebrantahuesos durante todas esas horas, pero las palabras de Rueda dan una idea de todo lo que rodea a Sabiñánigo ese día: “Es un evento que te engancha: el recorrido con el punto justo de dureza para que sea exigente pero alcanzable, la organización, los voluntarios, el ambiente durante todo el fin de semana, el entorno por el que discurre…”.

Todo ello sin desmerecer a otras pruebas cicloturistas en las que ha tomado parte: “Cada una tiene sus particularidades que las hacen especiales. Al final procuro seleccionar pruebas que suponen un algo personal para participar. Algunas son el ambiente que se vive de compañerismo y camaradería, como el caso de la Bilbao-Bilbao. Otras la exigencia física del recorrido, con el caso de Huelva Extrema. Y en otros casos conocer los lugares y paisajes increíbles que tenemos en España para la práctica del ciclismo, como en el caso de Los 10.000 del Soplao. Y, en algunos casos, una mezcla de todo ello como es el caso de la Quebrantahuesos”.

Preguntando por sus próximos objetivos, Carlos Rueda cree que es momento “de parar un poco, descansar y reflexionar. Ahora me toca pensar en otros retos de dos ruedas pero no desde el papel de corredor, sino desde otro ámbito (es el organizador del Dessafío Sierra Sur de Jaén que se corre en octubre). Pero sin duda algo hay en mente para antes de que acabe el año como La Desértica. Y también nuevos retos para 2020, si mi socio me acompaña que espero que sí (¡y se lo recalco desde aquí!), aunque tengamos que coger el barco para llegar a Mallorca”.

Pero Rueda no fue el único representante de nuestra provincia en la Quebrantahuesos 2019. Al menos hubo seis ciclistas más.

Domingo García, también de la Peña Ciclista Alcalaína, la completó en 8:53:53. Por parte Del Baldu Bike Torredelcampo participaron cuatro de sus integrantes: Manuel Jesús Martínez (6:20:44), José Fernando Ocaña (7:00:14), Antonio Pérez y Daniel Díaz (7:41:17), “pasando un gran fin de semana de ciclismo y compañerismo”. Como se apunta desde el propio equipo: “Todo ellos consiguieron medalla de oro saliendo desde el final del cajón, no está nada mal. Pero lo más importante es que no hubo incidentes y disfrutaron de los impresionantes paisajes y ambiente que ofrece esta cicloturista”.

La corredora de Porcuna Lidia Rueda (Bericlox-Bike), califica la experiencia de “inolvidable”, afirmando que vivió los 200 kilómetros del recorrido “con una sonrisa en la cara”. La que fuera medalla de bronce en contrarreloj en el reciente Campeonato de Andalucía de Carretera señala en su cuenta de Facebook que fue el Marie Blanque “el único puerto que se me atravesó” y recomienda «a todos hacer esta marcha por los paisajes, el ánimo de los vecinos de la zona y los voluntarios, que se vuelcan con los participantes”. Rueda marcó un tiempo de 8:23:43, logrando medalla de oro.

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